¡Qué viva el cine español!

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Un año más, la sociedad se reúne alrededor de la gran fiesta del cine español. La gala de los Premios Goya que se celebra para premiar las mejores obras de nuestra industria vuelve a traer a colación al cuñadismo que nos presenta falsas historias y bulos sobre esta industria, teniendo como primer comentario el relacionado a la subvención de la industria.

Desde siempre, la audiencia de la industria del cine en España ha estado polarizada y aunque poco a poco se rompen los prejuicios hacia él, todavía hay quienes utilizan argumentos anticuados con el fin único de herir y perjudicar a la industria. Esto no es más que el resultado de la guerra entre los partidos políticos y sus seguidores que han utilizado el séptimo arte como arma. Y las consecuencias producidas por esos ataques no han llegado a los políticos, sino a los productores y directores de cine.

Sí, la industria del cine recibe subvenciones cada año, pero no es la única.

Las subvenciones al cine

Junto a estos comentarios es común oír aquello de “el resto de países no subvenciona al cine“. Y esto es falso, y es que la inmensa mayoría de países lo hace, ya sea a partir de fondos estatales o regionales o a partir de incentivos fiscales.

Por poner unos ejemplos, Francia da más de 1.000 millones, en conjunto, a su industria; Italia, por su parte, aprobó el pasado año dar 400 y Alemania tres cuartas de lo mismo. En España, sin embargo, las ayudas en 2016 se quedaron en 74,53 millones.

También podemos mirar fuera de Europa, Estados Unidos y su megaindustria cinematográfica. Si bien es cierto que no se realizan ayudas directas, todos los estados del país tienen planes de deducciones fiscales mucho más ambiciosos que los instaurados en España. Por poner un ejemplo, la cinta El Lobo de Wall Street tuvo un presupuesto de 100 millones de dólares, el estado de Nueva York le devolvió 30 millones, casi la mitad de la industria completa en España.

Tampoco es cierto que el cine sea la única industria subvencionada en España, son muchas las que reciben ayudas del Estado y, por lo general, más cuantiosas, por no mencionar las ayudas a los partidos políticos (la cantidad que reciben por la Ley Electoral supera ya lo que se da para producir películas en el país).

Otras industrias con grandes subvenciones son la automovilística, que supera, con creces, la del cine. El Plan PIVE, por ejemplo, que supuso 225 millones de euros en ayudas públicas el pasado 2016.

La agricultura tampoco se salva y es que la Unión Europea ha aportado 5.000 millones de euros anuales para el periodo 2014-2020.

La calidad

Otros comentarios que buscan dañar al cine son los que destacan que, sin subvenciones, las películas serían mejor. Sólo tres de las 10 películas más vistas de la historia del cine español se han producido en época de recortes (Ocho Apellidos Vascos, que se llevó 1,5 millones en ayudas, Lo Imposible y Ocho Apellidos Catalanes), pero otras como Los Otros, Torrente, La Gran Aventura de Mortadelo y Filemón, El Orfanato o Mar Adentro se rodaron y estrenaron antes de la crisis.

Sí, en España se hacen algunas malas películas, pero también se hacen obras maravillosas. Y no, en el resto de países no sólo se hace buen cine, la diferencia es que a España sólo nos llegan las obras más potentes.

Sí, el cine español podría ser mejor de lo que es. Pero justo ahora, que la industria comienza a dar sus frutos, es absurdo que se corte en seco el flujo de subvenciones.

El principal problema que tiene la industria, financiación aparte, es que se hacen películas para la industria y no para el público general. En España no buscamos, al hacer cine, que se vea en una sala de un pueblo de Texas, en Estados Unidos, sí. Cuando un director o productor se plantea un gran proyecto, por lo general, sale fuera, porque en España hay poco dinero, y para convencer a inversores extranjeros hacen falta guiones de primera. A esto hay que sumarle talento y buena formación, pero eso ya lo tenemos.

Y no, la culpa no es de los guionistas, ni mucho menos. La culpa es de la concepción de la industria. Una industria que está planteada para satisfacer al público local, sin más aspiraciones que esa.

Es fundamental que los nuevos guionistas y nuevos cineastas lean guiones, muchos, ya sean buenos o malos. Necesitamos abrir las miras y pensar a lo grande. El guionista no debería preocuparse de los presupuesto, sino centrarse en la historia; si es una buena historia, se encontrará el dinero para llevarla a cabo.

La política y el cine

Como he mencionado en líneas superiores, el principal problema de la industria del cine es la política. La clase política tiene una mentalidad suicida que prefiere apostar por suicidarse si así logra acabar con el enemigo. La clase política, ya sea de un bando o del otro, tiene un pensamiento de revanchismo personal que no hace más que perjudicar el interés general de los españoles.

Si no fuera por obras como las de Almodóvar, Juan Antonio Bayona, Alejandro Amenábar y otros tantos, fuera de nuestro país sólo nos conocerían por la liga de fútbol y las playas. Y España es mucho más.

Desde la clase política, se ha llevado una idea de odio a l@s artistas desde hace ya muchos años. Parece que todavía seguimos en época del régimen, cuando lo que se valoraba era la adhesión al franquismo y no la calidad de tu obra. Ahora, seguimos en las mismas. ¿Por qué iba el presidente a llevarle un libro, un DVD o un CD a cualquier primer ministro que visite? No, mejor llevarle la camiseta de la selección…

La industria del cine español no puede sobrevivir, o por lo menos, no debe, de cine low cost y obras underground. España necesita películas que ronden los 4 millones de euros que sean capaces de conectar con el público. Si no es así, a la industria le quedan dos telediarios.

También la industria tiene sus cosas. El 2004 supuso un antes y un después en la industria. El gobierno fue acusado por gran parte de la industria de un hecho en concreto que no viene a cuento y a raíz de eso ambos se separaron por completo. Y de ahí ese sentimiento revanchista.

La industria lo hizo mal, y lo hace, en parte, mal cada año. No recuerdo una sola gala de los Premios Goya en los que no se haya criticado al gobierno, ninguna. Y eso es malo (aunque tenga cosas buenas).

Al cine español le ha pasado lo que le ocurrió al pastor de la fábula aquella en la cual un pastor revolucionaba al pueblo para que ayudaran a espantar al lobo del rebaño, hasta que al final el lobo aparece y sus vecinos, hartos de falsas alarmas, le dejan tirado. Pues bien, al cine español le ha pasado lo mismo. Todos los años se han quejado, en parte, y sólo en parte, sin motivo. Y ahora, que la industria lo necesita, ya no le creen. La gente se ha hartado de escuchar cada año la misma canción.

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