Mumford & Sons destroza el banjo para su nuevo álbum

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Tenemos un gusto musical más amplio. Ninguno de nosotros teníamos interés en hacer Babel 2. Debía ser algo diferente”, afirmaba Ted Dwane, el bajista de la banda en una entrevista con la Rolling Stone.
 
Cuando la banda británica anunció que en Wilder Mind su sonido iba a cambiar, pensé que no era una buena idea, puesto que había conseguido un sonido único y vanguardista. Ahora, una vez escuchado el álbum al completo, puedo admitir mi rotundo error.

Comienza con los primeros acordes del primer tema ‘Tompkins Square Park’, un tema dedicado a un parque de Nueva York al que numerosos enamorados acuden en busca de una velada especial, con un acelerado ritmo de batería que nos acompaña prácticamente hasta el final del álbum. A medida que pasan los segundos la melodía, acompañada de riffs centelleantes de guitarra eléctrica, nos arrastra al clímax de la canción. Un tema purísimo y perfecto. Aquí están ya las guitarras con distorsión y la atmósfera elegante que nos recuerda a The National.

Aunque no es el único tema que nos habla de puntos clave de la ciudad, pues también podemos viajar a Brooklyn escuchando ‘Ditmas’ un tema bastante coreables o a Manhattan al escuchar ‘Broad-Shouldered Beasts’.

A medida que el álbum avanza nos acercamos a los sintetizadores y las texturas características de la legendaria banda Coldplay, en ‘Believe’, que incluye una guitarra con distorsión podemos disfrutar de estos sonidos tan cuidados y aclamados. Otro tema al que podemos denominar ‘levanta-estadios’ es ‘The Wolf’, más eléctrico y rockero. 

 
 
Aunque tras ‘The Wolf’ los tempos pasan a ser medios con toques más mainstream como el título homónimo del álbum, ‘Wilder Mind’ y la acaramelada ‘Monsters’.

Tras estos dos temas más íntimos remonta el vuelo con los crescendos de ‘Snake Eyes’ que empieza con la delicadeza que hereda: tímido inicio de guitarra con unos sutiles acompañamientos de teclado y batería para desencadenar una energía final a base de percusión y voz a todo volumen. La estructura se repite en ‘Broad-Shouldered Beasts‘, pero con un tempo más lento. Una voz dominante con una guitarra y teclados para vestirla hacia el apogeo, al que le sigue la calma previa al subidón final. Le sigue ‘Cold Arms’ un tema folkie que nos recuerda a los irlandeses Damien Rice o Glen Hansard.

Hot Gates‘ es la encargada de cerrar el álbum. Más pausada, mezclando la historia griega con su sentimiento más personal, acaba ilustrándonos el carpe diem, recordando que a pesar de la fragilidad sigue habiendo vida por delante. Finaliza el trabajo con calma aunque nos deja con ganas de más y más temas.

En general, Wilder Mind es un buen disco, solamente hay que dejarse seducir por él para comprobar que tiene sustancia. Aunque es cierto que carece de alguna peculiaridad sonora que nos recuerde directamente a Mumford & Sons, el camino eléctrico que han tomado los británicos les sienta de maravilla y los adentra en el océano de la música rock actual.
 

 
Lo mejor: los mejores temas son ‘Tompkins Square Park’, ‘Believe’ y ‘Snake Eyes’. Sobresalen ante un magnífico álbum gracias su cuidadísima composición: comienzan lentamente y a medida que pasan los segundos va ganando intensidad hasta que alcanza el clímax y estalla en tus oídos un sin fin de fuegos artificiales perfectamente acompasados y adornados.

Lo peor: A pesar de renovarse, Mumford & Sons ha acabado con aquello que los diferencia como grupo para lanzar un disco que suena como a muchas otras formaciones del Indie Rock actual, lo cual hace que el trabajo carezca de originalidad. Además, podemos criticar la elección del título del álbum pues no incluye mucho ‘Wilder’ aunque sí demasiado ‘Mind’, el álbum se ahoga en las rupturas sentimentales.

 
Escucha el disco al completo a través de Spotify:
 

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