Leonard Cohen, el hombre de todos

Leonard Cohen, el hombre de todos

La muerte de Leonard Cohen llegaba sobre aviso. Él mismo nos lo había advertido hace unas semanas. 82 años a sus espaldas habían dado mucha vida y camino a semejante artista, pero en los últimos meses, su salud se mostraba más frágil que nunca durante su única aparición para anunciar el lanzamiento de You Want It Darker, su último álbum.

Además, estaba el hecho de que la muerte (preparándose para ella, aceptándola) estaba presente en su composición desde hacía ya tiempo, en especial, en los últimos 20 años de su vida.

Sin embargo, su muerte ha sido un shock. En esa última aparición en pública hablaba de más canciones ya escritas, más grabaciones por llegar. Está claro también que éste último álbum es uno de los mejores de su carrera. Y luego está el hecho de que suponíamos que siempre estaría así, y en parte, así será. En vida ya no, pero su música, sus poemas, siempres estarán aquí, con nosotros.

Leonard Cohen, un hombre de todos
Leonard Cohen tocando la guitarra en Hydra, Grecia, doguitar in Hydra, Greece. A su derecha, Marianne Ihlen. / Octubre de 1960 (Fotografía de James Burke/The LIFE Picture Collection/Getty Images)

De alguna manera, Leonard siempre había sido viejo, incluso cuando tenía treinta años y grabó su primer álbum a mediados de los 60, cuando la cultura juvenil era primordial y no se podía confiar en nadie mayor de 30. E incluso aquellos que nunca han seguido a Cohen pueden comprobar con su carrera musical que la muerte, o la tristeza de la vida, ha sido un personaje en esta carrera de 50 años.

Medio verdad, medio mentira. La imagen de cronista mordaz de los condenados a amar se pegó temprano a Cohen y se pegó rápido. Pero como cualquier persona que se acerque a sus canciones, pueden decir, que la muerte podría ser incluso divertida en sus manos. Así como el amor ser un asesino. Cuando no estabas llorando.

Nacido en el seno de una tradicional familia judia de importancia en Montreal (Canadá) en 1934, Cohen era un poeta en su adolescencia, un escritor y novelista galardonado a los 20 y una figura de peso hasta convertirse en un apasionado y entregado a la canción popular que tanto le gustaba.

Leonard Cohen, un hombre de todos
Leonard Cohen en su casa de Los Ángeles / 24 de septiembre de 2016 (Fotografía de Graeme Mitchell para The New Yorker)

Quizá por eso siempre recurría a “temas de adultos”. Quizá por eso era importante desde sus inicios. Pero esa es sólo una de las razones de su estatus, su primer y brillante álbum, Songs of Leonard Cohen de 1967, hasta el también brillante y magníficamente titulado You Want It Darker.

Leonard Cohen se dirigía tanto al corazón como a la mente. Literato y romántico, pensativo y divertido, será siempre considerado como uno de los mejores compositores.

Pero el poeta y compositor que fue contemporáneo a Bob Dylan y John Lennon, o sus paisanos Joni Mitchell y Michael Ondaatje, hablaba mejor y más profundamente al alma.

Sus canciones, tocadas al comienzo sólo en una guitarra de cuerdas de nylon, cantadas en voz baja y modesta y presentadas con poco acompañamiento musical, eran en sí mismo una maravilla para ese mundo de interiores, para el alma.

Ya fueran sobre hombres que amaban el baile, mujeres que temían y deseaban o parejas que se embarcaban en largas viajes de fé y pasión cada día, siempre estaba Cohen.

Él entendía nuestras motivaciones y expectativas tanto como nuestras desilusiones y decepciones. No porque fuera omnisciente, sino porque ha estado ahí y ha aprendido las mismas lecciones que nosotros tenemos que aprender.

Y era capaz de hacer esto mientras se reía de sí mismo, de nosotros o nos hacía reír con él.

Puede que haya hecho un viaje espiritual que muchos de nosotros no podríamos hacer, pero en el fondo, era humano: con defectos, divertido, buscando, fallando y tras eso, haciéndolo otra vez. Y la vez siguiente, en una canción.

Esto, más las melodías, que son hermosas, su voz, reconfortante, y su sonido, atemporal, es por lo que es, fue, y siempre será, uno de los compositores más grandes.

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