Crítica: Jason Bourne

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El pasado 29 de julio se estrenaba en los cines la cuarta película de Jason Bourne (sin contar el paréntesis del filme protagonizado por Jeremy Renner), y lo hacía de la mano del director Peter Greengrass, responsable de que Matt Damon volviese a actuar bajo el nombre de la ficción cinematográfica más mítico de los últimos años.

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Al igual que Johnny Depp y Tim Burton, Greengrass y Damon trabajan juntos a la perfección. Nadie como esta pareja es capaz de aportar un ritmo tan marcado y característico del mundo de los espías, capaz de poner a la sombra al inmortal James Bond.

Esta nueva entrega cuenta con las mismas bases de la saga, pero es diferente. Un hecho saca a Bourne de su escondite, la agencia va tras él y hay una pelea espectacular cuerpo a cuerpo. Eso no cambia, pero todo lo que está a su alrededor sí lo hace. El mundo es diferente, los enemigos emplean otros métodos y la forma de desplazarse y de operar también varía.

Nunca he sido un fan de la saga Bourne, pero desde luego considero que sí se trata de la mejor de la saga. El por qué es el ritmo. Damon y Greengrass han sabido darle un giro. Pocos directores son capaces o, por lo menos, pocos se atreven, a grabar como su fuese cámara en mano, pero sin que lo sea. La dirección acompaña en cada instante al darle un toque extra de adrenalina. La historia comienza y enseguida se han creado numerosas historias paralelas, teorías conspiranoicas y demás subtramas que se van juntando pasito a pasito para crear la que es hasta la fecha la mejor de las últimas películas de Bourne.

Nos encontramos ante un Bourne clásico, similar a lo que fue McGiver, James Bond o Keyser Soze de Sospechosos Habituales, pero con cambios. Se trata de un Bourne más oscuro, melancólico y amargado. Realmente todos los personajes se vuelven más oscuros, todos tienden más al bien que al mal.

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En esta nueva entrega cobran protagonismo el hackeo, la ambigua Heather Lee, interpretada por Alicia Vikander, y el magnate Aaron Kalloor, encarnado por Riz Ahmed. Pero por lo demás, todo es igual. Bourne continúa disparando, corriendo, huyendo, viajando por todo el mundo y conduciendo vehículos con muchos caballos.

La idea final de esta nueva entrega Bourne es transmitir la adrenalina con la que deseas salir, una película de acción donde lo que buscas es pura acción y no una trama realmente tratada a fondo. Si bien es cierto que los personajes están más cuidados que en otras entregas.

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Si vas a ver la película con la intención de descubrir algo nuevo de la saga Bourne, mejor no vayas. Encontrarás lo mismo, con las mismas características. Personajes más oscuros, sí, pero lo mismo.

Lo mejor: El feeling entre Greengrass y Damon.

Lo peor: Es lo mismo de siempre.

Nota: 6,5/10

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